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En Isílnaren, las sentencias de muerte o las torturas son aplicadas por verdugos profesionales, que 

2015-02-19 154723

generalmente vienen de familias del mismo gremio.

Aprendizaje y modo de actuar

Suelen comenzar su instrucción en las artes de la muerte sobre los dieciséis años de manos de su predecesor (usualmente su padre o algún otro familiar). Esta instrucción consiste en distintos métodos de tortura, saber manejar el hacha o espada para asegurar un único tajo y los distintos tipos de ahorcamiento, y los aprendices suelen participar en las ejecuciones como ayudantes del verdugo principal (sujetando la escalera por la que suben al hombre que va a ser ahorcado, por ejemplo). No suelen matar por placer, pero se sienten orgullosos si lo han hecho de un modo "correcto". Tienden a ser personas frías debido a su trabajo.

Cada familia de verdugos tiene un arma que pasa entre generaciones (usualmente un hacha o una espada, pero puede ser cualquier otra), usualmente es la que aparece en su escudo heráldico.

Prejuicios contra ellos

Ya que es una profesión considerada "despreciable" por la mayoría de la población y el peligro de venganzas por parte de las familias de los reos, han de trabajar con ropas y una máscara que no permita su identificación. Asimismo, si están viajando para realizar una ejecución, solo pueden dormir en las posadas con las que la Facción tenga acordado el hospedaje.

En otra época, los verdugos estaban tan mal vistos que si iban al mercado a comprar debían señalar los víveres con una vara y sólo podían asistir a los ritos en los bancos traseros del templo. También se decía que su rostro era el de un demonio. También tenían vedada la caza, salvo la de los lobos. Debido a esta discriminación, el hijo o hija de un verdugo sólo podía casarse con alguien de otra familia del mismo gremio y las mujeres sólo podían ser adivinas o hechiceras. También tardaban mucho en encontrar pareja, así que eran familias muy poco numerosas.

Creencias y tradiciones

Todos ellos creen en que los espíritus de la gente que matan les rondan para vengarse, así que tienen la costumbre de pedir la protección de La Madre en cualquier templo tras la muerte en cuestión, pero lo hacen más por temor que por devoción. Suelen denominar a la gente que han matado como "su panteón de muertes". Dentro de su folklore hay una figura muy importante, una perrita de nombre Paulojaalin que según sus creencias vela por ellos y ataca a los espíritus que les amenazan. Esto se debe a que en tiempos antiguos sólo podían profesar como sacerdotes en el templo de la aldea del mismo nombre, donde según la leyenda reposa el cuerpo de este ser.

"Sagrada Paulojaalin, vela al lado de mi cama y no permitas que mis muertos retornen del Metsaylín para arrastrarme con ellos" (Ejemplo de oración de un verdugo)